martes, 28 de enero de 2020

Carta al 27 de enero, la complicidad

Carta al 27 de enero, la complicidad
No hay humanidad sin complicidad. No se puede ser humano sin los otros. Sin su tacto, sin su voz, sin su mirada. No se hace camino sin pasos como no se hace humanidad sin complicidad entre humanos. 
Y la complicidad necesita cómplices. Cómplices que te guarden secretos y, a veces, sean el secreto, el as en la manga, el joker, la solución, la salvación. Algo así como la quintaesencia de tu mundo. El éter sin el que la vida, la existencia no está completa, no es posible. Como un cielo sin estrellas
En una baraja de cartas hay cuatro ases y dos jokers, y una suerte limitada. En la vida la complicidad no tiene más límite que lo que se decida cuidarla. 
A veces, no cuidamos lo suficiente a nuestros cómplices. A veces, no somos lo suficiente cómplices de nuestros cómplices. A veces es porque creemos tanto en ellos que olvidamos que también son humanos. 
Las partidas de cartas se ganan con suerte. La vida solo se gana con una complicidad inquebrantable. Solo ganaremos la vida con una complicidad inquebrantable, si cuidamos nuestra complicidad inquebrantable. 
La sangre no es la sangre por la sangre. La sangre es complicidad.

sábado, 18 de enero de 2020

Carta al 15 de enero, el niño

Carta al 15 de enero, el niño
Desde hace tiempo sueño con encontrar las palabras que calmen tus dolores, que quiebren tus silencios y que nos devuelvan al niño del que habla la última rosa de enero, ese que anunciaba su llegada cantando. 
Así que; como en tantas otras ocasiones, con el calendario como excusa para dejar a un lado la cobardía que calla lo que siempre quiso ser dicho; empiezo a construir un puente sobre el abismo de silencios que amenaza con separarnos. 
Sal de ti. Para escucharte. Para escuchar. Y date cuenta. Date cuenta de que anhelas reinar un reino que ya reinas. Date cuenta, es cuando tú ríes cuando el mundo, este mundo, tu mundo, nuestro mundo ríe.  
Sal de ti. Para escucharte. Para escuchar. Para escuchar al niño. Él conoce el camino. Más allá del miedo, él conoce el camino. Más allá del dolor, él conoce el camino. Él conoce la dirección, tu dirección. 
Sal de ti. Para escucharte. Para escuchar.  Aquí está alguien dispuesto a partir por la mitad sus alas para dártelas y que vueles allí tan lejos como volaran los sueños de aquel niño. Porque pocos héroes me quedan en los que seguir creyendo y aquel niño era mi héroe y aún espero su regreso cantando, como cuenta la última rosa de enero. 
Confía en ti. Con que lo hagas la mitad de lo que yo lo hago bastará. Vuela a Saturno. En Saturno están las preguntas. En Saturno están las respuestas. En Saturno nos encontraremos. 
El superhombre es el niño. 


María

Carta al 13 de enero, la risa

Carta al 13 de enero, la risa
La risa es uno de los mayores descubrimientos vitales que se pueden hacer. Pero, como todo lo que merece la pena, suele ir acompañada de cierto grado de complejidad o de dificultad. Siempre he admirado la risa. Siempre he admirado a quienes son capaces de hacer reír, a quienes llevan la risa consigo. Son médicos. 
Hace no mucho, alguien me hizo descubrir la esencia sanadora de la risa amarga que ahora predico con la ilusión de un niño que acaba de descubrir la aerodinámica perfecta para sus avioncitos de papel. Como si fuera el primero y único. 
Es una risa salida de algún lugar de la tristeza para causar desenfado en el que ríe y darle a un momento oscuro la luz de la esperanza. Con tiempo y tino, esa esperanza conduce de nuevo a la alegría y la risa se hace dulce. Aquella risa fue la primera que conocí. Dulce. Nacida de la alegría para dar alegría. La más pura. 
Siempre he admirado la risa. La he observado, es inteligente, y la he convertido en brújula, en dirección hacía la felicidad. Porque ¿qué otra cosa anhela el humano por encima de eso? ¿Y qué otra cosa desprecia por encima de la tristeza?
Aunque no debería ser así. Hay algo peor que la tristeza. La ira, la rabia. Tanto una como otra tienen la capacidad de engancharse al alma y consumirla, pero la segunda te engaña, te hace sentir grande. 
La suma de ambas se llama frustración. De ese lugar exacto, de la suma de la tristeza y la rabia, nace la tercera de las risas que descubrí: La risa ácida. La risa que ya no acaricia si no que golpea y quema. La risa que ya no conduce de vuelta a la alegría. 
Siempre he admirado a quienes llevan la risa consigo, a quienes son risa. En mi vida hay quien es risa, en esencia. Fue dulce, muy dulce. Y después pudo ser amarga, pero se volvió ácida. La risa que se ha cansado, pero no puede dejar de ser risa. 
Todavía no conozco el remedio a este mal. Sin embargo, tengo la certeza de que la vida es una senda de continuo aprendizaje y con empeño lo hallaremos. De momento sé que la miel con limón suaviza la garganta. 
Quizá debemos tomar miel



María

Carta al 1 de enero, el comienzo

Carta al 1 de enero, el comienzo
Llego tarde. O eso parece, porque en realidad llego justo a tiempo. Justo a mi tiempo, para lanzar una advertencia: He iniciado una guerra sin cuartel contra la tristeza, el miedo, el estancamiento y todos y cada uno de los silencios que se nos astillan en algún lugar entre el corazón y la garganta. Voy a quebrarlos uno a uno con la fuerza de las palabras. 
Mi propósito es cambiarlo todo. Iniciar una cadena imparable de causas y consecuencias. Que la quiebra de un silencio suponga la quiebra del siguiente y que caigan todos como caen las fichas del dominó.
La primera ficha ya ha caído, quizá también la segunda. Fue la última de las consecuencias de una cadena iniciada por el aleteo de una mariposa en el seno de un alma vetusta.  Aunque el origen poco importa cuando debemos reinventar la rueda. Hacer que el origen sea este cuando fue aquel. Seguir siendo los mismos de forma distinta. 
Es el tiempo de dar paso al soldado lírico que dispare la bala que continúe con la cadena de causas y consecuencias que acabe por hacer que merezca más vivir en este mundo que en una metáfora. 
Ha comenzado. 



María

DOS MIL VEINTE

Aún más personal si cabe es este proyecto. Tan personal que ni siquiera pensaba publicarlo en ningún otro lugar que no fuera mi muro de Facebook. Y tan personal que ni siquiera pensaba publicar todas las piezas que lo van a componer. Pero, las cosas en esta vida nunca son exactamente como las planeas y ha llegado una de esas personas por las que siento debilidad a pedirme que volviese a poner en marcha la maquinaria de este blog porque ella no tiene Facebook y quería poder leer estas cartas con tranquilidad y no solo escucharlas a través del teléfono.

Así que, para que lo pueda disfrutar con calma y tantas veces como quiera la persona que más me importa que lo pueda disfrutar, iré dejando por aquí los trozos de la relación epistolar que he iniciado con el DOS MIL VEINTE en mi búsqueda de la paz. Aunque tienes permiso para disfrutarlo aun sin ser ella.



Lista de cartas en orden de publicación:




Continuará...


María 🐥