Carta al 27 de enero, la complicidad
No hay humanidad sin complicidad. No se puede ser humano sin los otros. Sin su tacto, sin su voz, sin su mirada. No se hace camino sin pasos como no se hace humanidad sin complicidad entre humanos.
Y la complicidad necesita cómplices. Cómplices que te guarden secretos y, a veces, sean el secreto, el as en la manga, el joker, la solución, la salvación. Algo así como la quintaesencia de tu mundo. El éter sin el que la vida, la existencia no está completa, no es posible. Como un cielo sin estrellas.
En una baraja de cartas hay cuatro ases y dos jokers, y una suerte limitada. En la vida la complicidad no tiene más límite que lo que se decida cuidarla.
A veces, no cuidamos lo suficiente a nuestros cómplices. A veces, no somos lo suficiente cómplices de nuestros cómplices. A veces es porque creemos tanto en ellos que olvidamos que también son humanos.
Las partidas de cartas se ganan con suerte. La vida solo se gana con una complicidad inquebrantable. Solo ganaremos la vida con una complicidad inquebrantable, si cuidamos nuestra complicidad inquebrantable.
La sangre no es la sangre por la sangre. La sangre es complicidad.