jueves, 6 de febrero de 2020

Carta al pequeño 5 de febrero, la dulce espera

Carta al pequeño 5 de febrero, la dulce espera
La espera más bonita de mi vida. Te esperé como agua de mayo hasta febrero. Y antes de que llegaras ya te quería y te anhelaba como si te conociera, como si ya pudiera compartir momentos contigo. 
Te hablaba, te gritaba como si ya estuvieras ahí. Quizá entonces ya escuchabas. Como ahora, que aún con orejas niñas escuchas. Sé que escuchas. Yo también escuchaba. Y comprendía. Y guardaba silencios. Y, a veces, dolían. Dolían mucho. 
Ahora quizá no sea el momento de que entiendas todas estas palabras escritas desde la trinchera más lejana, donde las consecuencias se marchitan en el tiempo hasta allí. Ese momento llegará cuando deba llegar. Ahora quizá vayan dirigidas a que las entienda a quienes escuchas. Porque las palabras se escuchan. Y las palabras pueden guardar tanto rosas como espinas. Igual que los silencios.
Sigo cometiendo contigo los mismos errores que los que vinieron antes cometieron conmigo. Y los cometo por la misma razón por la que ellos los cometieron. Porque te amo y, sin duda, amar bien es una de las cosas más difíciles de conseguir que existen en este camino. Perdóname.
El humano que ama teme. Teme perder a quien ama, teme que sufra, teme que se corrompa. Y el miedo, aunque inevitable y necesario, a veces, nos conduce a error, nos conduce como una profecía autocumplida a hacer realidad nuestros temores.
Llegará un día que despiertes de esos silencios. Despierta con el corazón cargado de amor y comprensión. Y, sí, también rabia e indignación. La rabia y la indignación contra lo que está mal es lo que nos incita a luchar por cambiarlo. Hemos venido a un mundo roto. Pero tenemos elección. Podemos reinventar la rueda, decidir nuestro camino. 
De que decidas tu camino trata esto. Es una invitación a que recorras el mapa que dejo en mis palabras, a que lo completes con tus pasos, a que mis pasos, hasta mis pasos en falso, te sirvan de algo. Escucha. Y no solo con las orejas. Escucha con los ojos, escucha con las tripas. 
Pequeño, en nuestra sangre existe una tradición no escrita, no pronunciada. Cuando a una generación se le rompen los sueños, se vuelcan todos los esfuerzos y esperanzas en la siguiente. Los esfuerzos y esperanzas están volcados en nosotros. Y tú eres la dulce espera. La dulce espera provoca algo más que esperanza. Provoca ilusión. 
Toma mi mano. Pregunta. Siempre que quieras.

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