En los días posteriores a una tragedia nacional como es un
acto terrorista, Twitter y las comidas familiares están plagadas de conversaciones
con comentarios controvertidos. Aprovecho que aún está fresco el tema para
hablar de… Espera, este tipo de introducción es una mierda. Dentro música de
ambiente.
“No lo vi
venir en bici. No lo vi. Ni estaba mirando, ni tenía bici. Jej, ¡qué cosas! Nunca
te percatas de lo mal que te huele el sobaco hasta que viajas en globo
aerostático. Aquí comienza mi historia, montado, como la nata. Olvida todo lo
anterior y visualiza un globo aerostático, pero no uno rojo liso y corriente,
ni siquiera uno con forma de gota invertida. Piensa en el globo más bizarro,
más escatológico que puedas. ¿Lo tienes? Pues olvídalo, era un globo normal y
corriente. ¿A qué venía esto? Ah, sí, ya me acuerdo. A veces debes alejarte un
poco del mundo terrenal, subirte a lo alto y contemplarlo todo desde un punto
de vista totalmente diferente, muchísimo más elevado. Es desde la distancia
donde dos puntos diferentes se desfiguran e igualan. En la lejanía, en la
perspectiva general y holística no hay discriminación, no hay racismo, no hay
boniatos. ¿Hay algo en la frase anterior que destaque? Aléjala lo suficiente,
hasta que sólo veas una línea. De eso va esto, de boniatos. Boniatos dedicados
a mi botánico favorito.
¡Hablemos de
boniatos, hombre, ya!”
Bueno, ya estoy a tope. Si piensas que todo lo que vais a leer
a continuación permanece en los límites de lo políticamente correcto, siento
decepcionarte, pero no me pagan por eso. Puedes incluso eliminar las dos
últimas palabras de la frase anterior. Si no me crees, convéncete:
DISCRIMINACIÓN INDISCRIMINADA
Los negros huelen mal (ríete, enójate, haz lo que quieras; no
puedo ni verte ni oírte, lo cual es una lástima…). Este es uno de los axiomas
sobre los que se edifica el racismo a lo africano. Para la mayoría es absurdo o
insustancial, pero los argumentos más sonados en defensa de todo tipo de xenofobia
siguen estos derroteros: experiencias personales (generalmente escasas,
sesgadas y subjetivas) que se extrapolan a todo un colectivo étnico, estereotipos
negativos arraigados a las creencias del individuo, miedo irracional a todo lo
foráneo. Son unos cuantos; y tratar de eliminarlos con argumentos sólidos y
objetivos personalmente y de forma individual sería fútil, una quimera. Hay
algo llamado dogmatismo que nos mantiene vivos sin vida y que fomenta todo esto.
Tal vez en otra ocasión hable de esto último (más que “tal vez”), pero ahora quiero
centrarme en algo más concreto.
El fenómeno común a todos esos argumentos es la extrapolación,
pero no de la buena: de la mala, de la que tapona arterias. Deducir está bien, mola, mantiene
al coco trabajando; pero cuando se pone el piloto automático se logra todo lo
contrario: silogismos “da merda”, que en italiano quiere decir… no muy buenos.
Es curioso como haciendo trabajar al cerebro termina por no hacerlo; y para
evitarlo hay que hacerle trabajar de verdad. Se precisa aplicar el pensamiento crítico en todo aquello que deduces; y el método no es difícil, lo difícil es llevarlo
a cabo: dudar, pero a lo bestia. Esto ya lo comentaré mejor cuando hable de la
actitud crítica, pero vayamos a lo básico.
Ejemplo de reducción a lo absurdo:
-
Caso: Un hombre de procedencia extranjera (¡míra, mamá, estoy siendo políticamente correcto!) me ha
asaltado con la navaja y se ha llevado mi cartera.
-
Posibles respuestas:
a)
Deduzco que, siendo el primer extranjero que veo , la motivación del resto y situación es la misma. Me voy a unir
al KKK.
b)
Me asusto y me cago en los muertos del asaltante.
No hago ningún tipo de interrelación, salvo la de que pasear por las zonas más
chungas y peligrosas de tu ciudad y conservar tus bienes está reñido.
c)
Bailo de forma sexi y provocativa, sobresaltando a una anciana
que pasea por la zona. Venga, sé que te has reído, vuelve a imaginártelo.
Realmente la cosa no es tan sencilla; nunca lo es. Esta no es
la causa de la existencia de la idea de racismo, sino la que voy a explicar a
continuación. ¿Por qué he contado todo lo anterior entonces, te preguntarás? Yo qué sé, ¿crees que entiendo algo de lo que escribo? La
culpa es tuya por leer. No, en serio, guarda relación, y es un agravante del
problema.
Si esto fuese cierto, no habría colectivo humano que se salvase de padecerla.
Habría discriminación a la gente rubia, a la gente obesa, a quien le gustase
más la tortilla de patata con cebolla; entre otras cosas. Además, está el hecho
de que apenas hay discriminaciones positivas.
Todo encaja cuando enunciamos que
el racismo tiene un causa justificada (vuelve a leer lo anterior hasta que te sientas ofendido, entonces podrás continuar). Es una causa más bien biológica (tema del cuál no tengo ni puta idea), semejante al
fenómeno conocido como altruismo, aderezado y enriquecido con un poco del llamado competencia.
Una
posible explicación muy sencilla de que haya tan pocas discriminaciones
positivas es que no les damos la misma importancia (nos centramos en lo malo,
mayormente). Conforme a lo otro, es tiempo de argumentar.
Hay un sentimiento general pero propio de ensalzamiento de lo
local en todos los seres sociales. Este individuo tiene la necesidad de
pertenecer a un colectivo mayor, con el que convive. Se trata de una relación
mutualista en la que el sujeto trabaja por la pervivencia del grupo y
viceversa, formando el principio de sociedad. Este sencillo modelo idílico
explica muchos de nuestros comportamientos más básicos, puesto que todos somos
sociales (por muy antisocial que te creas). A los seres les gusta sentirse parte de
algo mayor, y aquí empieza el proceso de ensalzamiento, el patriotismo. Para
sentirse parte de ese algo, el hombre (y la mujer, ya que los tiempos que corren
nos hacen gastar tinta a lo tonto explicando cosas que vienen implícitas. ¡Anda, otro tema!) debe tener una razón
moral y lógica para no sólo pertenecer a la comunidad, sino defenderla y
trabajar por su mantenimiento y evolución.
En los perritos de las praderas (animales
sociales que forman clanes familiares de parentesco, y que son monísimos) la justificación de ayudar al resto surge del pensamiento de que los otros me ayudarán en otra
ocasión. La causa que nos empuja a nosotros a ser altruistas (se conoce que somos más desconfiados
y suponemos que nadie nos va a ayudar) surge del axioma de “nosotros molamos”,
que como causa de defenderlo no está nada mal, independientemente de su
veracidad. Reconozco que existen ilusos que sí que creen en la razón de los
perritos de las praderas, incluso a veces tienen razón, pero estamos hablando
de generalidades y de la causa principal.
Creer que lo que haces está bien, y no sólo eso, sino que eres
el propio Bien; es una justificación cojonuda. Además del comienzo del fenómeno
descrito anteriormente (patriotismo). Esta primera parte deriva en
nacionalismos, regionalismos y otra serie de vocablos que riman con
“egocentrismos”. Y mirarnos nuestro ombligo insistentemente no estaría tan tan
mal si no fuese por la segunda parte que deriva de la idea inicial: “Yo soy el Bien, el resto es el Mal”. Y,
por fin, ha llegado a su destino: Ciudad Dogmatismo.
¿Por qué quería llegar aquí? Para llevar una vida sencilla y
tranquila, supongo. No decía eso, me refiero al hilo de la narración. Ah, vale, era para
explicar la causa de la discriminación; hay más, pero estamos con las
generalidades y las causas principales. Ya, generalidades por las que van escritas 1272
palabras. Pues imagínate explicarlas todas. (¿Con quién estoy hablando?) (Es un
monólogo interior que tienes contigo mismo, realmente con nadie.) (Entonces es
un poco inútil, ¿no?) (No del todo, has hecho un esquema de lo anterior de puta
madre.) (Dabuti.)
¿Qué quiero deciros con esto? Que hay una causa que justifica
la discriminación. ¿Es una causa lógica y racional? Es elaboradamente simple,
pero poco firme y que cae por su propio peso. Habrá a quien le valga, obviamente,
pero personalmente: la considero una justificación más inútil que un botánico tratando de identificar
un cactus de plástico (y llamo inútil a la acción y al botánico. Botánico al cual respeto y
quiero mucho. ¿Hay algún botánico en la sala? Jeje).
Si quieres echar raíces en
esta ciudad de ley y orden te lo aconsejo porque haber hay hueco y sale barato. Aun
así, si te has leído todo este tochamen (que tan a gusto me ha dejado),
presupongo que lo que querías hacer era pensar. Si no, podrías habértelo pasado fetén
con la increíble programación que nos ofrece esa maravillosa cadena que rima con: “por el
culo te la hinco”.
Espero haberte hecho pensar, o informado, o cabreado; eso
siempre está bien. Ahora te toca construir a ti, partiendo de lo que yo he
escrito o de algo totalmente diferente, porque quiero terminar con una idea
aplicable a todos mis ensayos y a la vida crítica en general: Por muy lógica o
bonica que sea una afirmación; por muy básica o veraz que parezca; no tendrá
más valor que el resto de ideas que puedas encontrarte, pues son simples opiniones. Todas las ideas son importantes
de una forma subjetiva en un contexto concreto; lo que se traduce en que todo
lo enunciado anteriormente debería tener la misma cavidad en tu cabeza que esa otra frase con
la que he empezado y quiero terminar: Los negros huelen mal.