martes, 28 de noviembre de 2017

Tirar el mundo. Avance del cortometraje "Destino"


Nos hemos hecho de rogar. Va a hacer un año desde la grabación de nuestro primer corto. Pero no queda nada, pronto podréis verlo.

Destino


"Destino" es un relato de hace alrededor de 3 años, desde luego no es mi mejor texto, ni el más maduro, ni el más ameno de leer.Pero forma parte de un proceso de aprendizaje, de evolución; y responde a las ganas de vivir, de sentir y, sobre todo, de escribir. 
Así que, una vez dicho todo esto, aquí os dejo el relato de una chica de 15 años, que hoy, a las puertas de cumplir los 18, sigue queriendo caminar por donde no hay sendero...

 
Destino
Y de repente apareció el miedo en mi interior, como una de esas paradojas de la vida. Apareció el miedo al desaparecer el sendero que guiaba mis pasos hasta la cima de la montaña.
Había empleado toda mi vida en alcanzar la cima de aquella montaña. De aquella montaña, no servía ningún otro destino final. Dependía de aquél camino de piedrecillas rojas. Mi felicidad dependía de aquello. No sabía qué hacer, me sentía agobiada, como un claustrofóbico encerrado en un ascensor.
A mi lado crecía un árbol viejo como un gigante que no deja de crecer. Me senté a su amparo y empecé a llorar de impotencia. Fue en ese momento cuando perdí la noción del tiempo. Llegue a la determinación de llegar a mi destino, fuera como fuese.
En mi búsqueda de un camino hasta la cima de la montaña me di cuenta de lo que parecía mentira, la vegetación era cada vez más abundante y me impedía avanzar. No podía ver más allá de unos pasos. Tras horas tratando de encontrar una salida creí oír una voz, una voz masculina que cantaba una canción inentendible en la que intercalaba las palabras con los tarareos cada vez más acelerados.
En ese instante el joven se abalanzó hacía una margarita que crecía justo delante de mí, entre toda a maleza, desvergonzada, como esa persona que se atreve a romper una estadística, una moda.
El joven era medianamente alto, estaba delgado, pero fuerte. Era pelirrojo y tenía unas cuantas pecas alrededor de la nariz, sobre los mofletes. Sus ojos eran verdes, los ojos más verdes que jamás he visto. No se percató de mi presencia hasta que se levantó y alzó el brazo para ver la atrevida flor bajo un rayo de sol que se colaba entre las hojas y las ramas de los frondosos árboles que nos rodeaban. El chico cambio el gesto de su cara, como un mimo de esos que caminan enjaulados en cajas trasparentes. Era una mezcla extraña entre la sorpresa el miedo y el enfado. Tal vez porque alguien había roto su paz acelerada en un entorno en el que se encontraba tan cómodo que parecía el dueño de aquél suelo que pisaba.
- “Hola ¿Me podrías ayudar? Me he perdido y no encuentro el camino que lleva a la cima de la montaña ¿Sabes cómo llegar?” -Dije con la voz entrecortada.
Su gesto volvió a cambiar bruscamente, yo creo que hasta los árboles se dieron cuenta de que aquella inofensiva pregunta le había ofendido.
Cuando ya había desechado la posibilidad de que tan si quiera me contestara, con una voz enfadada y burlona al mismo tiempo me dijo:
- “¿Camino? Yo no conozco ningún camino, ni quiero conocerlo.”
Al oír aquello me sorprendí casi tanto como él al verme allí. El que parecía conocer cada centímetro de aquellos parajes decía no conocer ningún camino. Y lo que era más incomprensible para mí, no quererlo.
- “¿Por qué?” – Pensé en alto. Tan alto que él se vio obligado a contestar.
Se acercó a mí y comenzó un monologo ininterrumpible:
- “¿Sabes qué? Yo vengo aquí porque quiero caminar por donde no hay sendero…” -En aquella frase se mostró como un chico cualquiera, de un lugar cualquiera, pero después de aquél principio terminó de ser un chico cualquiera para convertirse en un actor de la vida que expresa con todo su cuerpo cada palabra que sale de su boca, entonando a la perfección, cada acento, cada punto y cada coma, midiendo milimétricamente las pausas, dándole un encantador suspende a su dramatización improvisada:
 –“… andar deambulando sin destino, perderme y disfrutarlo ¡No encontrarme! Ni quererlo ¡QUIERO! Querer, sentir, sufrir, enamorarme, equivocarme, volverme loco y volver a perderme en esa locura. Llorar, cantar, reír, callar, morir, despertar, vivir, soñar. Ser lo que nadie quiere ser y ser lo que yo quiero que todos sean. Reafirmarme en mis errores y caer miles de veces en la piedra que hay a la vuelta de la misma esquina o aquél árbol ¿¡Qué más da!? Quedarme en casa para siempre mientras hago que mi casa sea el mundo que rodeare en mis andadas. Desperdiciar mis virtudes en favor de los defectos que me hacen sentir y vivir. Sentir el estómago en la garganta al saltar al vacío. Estamparme contra el suelo y dolerme de todo. Romperme el corazón con el mismo puñal clavado en la espalda. Hacer lo que hace todo el mundo mientras nadie hace lo mismo que yo. Contradecirme sin miedo a decir lo que no quieren oír. Mirarme al espejo y odiarme y amarme y volverme a odiar y volverme a amar. Desobedecer, saltarme las reglas, no ponerme barreras ni límites. Huir del bien persiguiendo el mal. Desgañitarme bajo la nada. Arrancarme las pegatinas que me clasifican. Perder el miedo a ser malo, a no llegar a lo que se esperaba de ti, a fracasar, a no ser millonario, a no destacar. Porque todo eso me da igual. No sirven de nada todos los logros, todas las medallas, los honores, las felicitaciones, los premios si no disfrutaste en el camino, en la lucha, en el día a día, en el trabajo, en la locura, todo lo que te llevo al destino, pues ¿Qué sentido tiene un destino sin camino? Es como un final sin un principio o una muerte sin vida…”- Y volvió a empezar, mientras se iba saltando y bailando entre la espesura de la vegetación. Cantando como si esas palabras fueran el estribillo de una canción...
Abrí los ojos y vi las hojas que caían desde la copa del árbol viejo en el que aún me encontraba. Justo a mi lado, la atrevida margarita sobre la que el joven extravagante de ojos verdes y cabello pelirrojo se había abalanzado para arrancar de raíz, con la tierra húmeda y removida alrededor, formando un montoncito para sostenerla en pie.
Al levantarme comprobé que, a unos metros, el sendero de piedrecitas hojas seguía allí. Me di la vuelta y vi que tras aquél árbol viejo se extendía una variedad inmensa de colores que se asemejaban a un cuadro abstracto.
Volví a mirar atrás, a sendero de piedrecillas rojas…
Por fin me habían crecido las alas. Corrí, salté, canté…
“Quiero caminar por donde no hay sendero, andar deambulando sin destino, perderme y disfrutarlo ¡No encontrarme! Ni quererlo ¡QUIERO! “

martes, 10 de octubre de 2017

La danza de cristal ~ Swarovski



A veces los cristales no son solo eso, cristales, son joyas. 


Swarovski




Es armadura de cristal con corazón de hierro,
es el sudor de quien quiere trepar al cielo.
Es mujer soldado sobre un escenario,
es el arte de quien ama en el calvario.

Son pies quebrados en puntas de ballet,
son sueños convertidos en mil brisés
Son horas a las que otros llaman perdidas,
son todos esos suspiros llenos de expectativas.

Es esa silueta que provoca fervor,
es esa sonrisa que vence al dolor.
Es ese dar la vida sin exageración,
es ese que no se le resista canción.

Son las matemáticas a las que vuelve locas,
son los escalofríos que sientes si te toca.
Son todos estos versos que me inspira,
son todos aquellos de los que es heroína.

Es la coreografía de los mil pasos,
es la batalla de cada ensayo.
Es la danza convertida en emoción,
es como ha quedado prendida de su prisión.

Son esos ojos que llenan de vida si los miras,
Son detalles que hacen imposible que no sonrías.
Son las fracturas escondidas al subir el telón,
son por ella estas estrofas, hermana de mi pasión.





Gracias Ana por hacer que todo lo que tocas deje de ser un cristal más y por enseñarme cada día el significado de las palabras valentia, vida y lucha.

~María H.