sábado, 13 de agosto de 2016

El Beso

A veces sobran las palabras... 
Allí donde quiera que estés, muchísimas felicidades abuelo. 

EL BESO

Nunca podré olvidar aquella sensación que recorrió mi cuerpo cuando mis labios rozaron, casi tocaron, tímida y temerosamente su mejilla izquierda. En aquel momento un niño corrió hasta llamar a la puerta de mi corazón para dejar un mensaje y salir huyendo. El mensaje hablaba de él. Él tenía los ojos oscuros, potentes, brillantes y cautivadores de siempre, pero hacía ya un tiempo que andaban perdidos en un mundo que no era el nuestro. Apuntaban al techo blanco de aquella habitación verde, en la diagonal de su cama, en la que llevaba postrado nueve meses con los ojos en otro mundo, un mundo que no era el nuestro.
Quizá otros recuerden besos de su enamorada o enamorado, pero sin duda el beso de mi vida, el beso, no fue el beso de amor que cualquiera recuerda. Me refiero al amor como al amor al que se refiere la gente cuando habla de amor, a eso en el que uno o una se enamora de otro u otra. El beso fue de amor, pero no de ese tipo de amor, sino del que dos personas se tienen quizás por el agravante de la sangre junto con el tiempo y la vivencias que han pasado juntos. Ese es el tipo de amor concreto que había en ese beso.
Cada domingo alterno, cuando se acercaba la hora de volver a casa, la tarea de empujar el pomo dorado de esa puerta marrón claro hacia abajo y entrar hasta donde él se encontraba con la mirada perdida, con la mirada en otro mundo, en un mundo que no era el nuestro, se tornaba progresivamente más difícil a cada quincena, durante nueve meses.
Aquel día al bajar el pomo, un extraño aire se impregnó por todo el salón al que daba aquella puerta. A cada paso que daba adentrándome en la habitación, mi cuerpo se enfriaba más y mi piel se escamaba más y más. Me frene en el lado izquierdo de su cama, mirándolo, intentando recordarlo, como era antes. Sonó una voz reclamándome, era la hora de volver a casa. Con la mayor lentitud, o al menos así lo recuerdo, me acerqué a él y le besé, la mejilla izquierda, o eso he deseado siempre.

Aquella sensación.

Aquel niño era la muerte y el mensaje me dijo que era el último, el beso.



~María

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