Le prometió ser su Quijote, perder la cabeza y recorrer mil mundos.
Le prometió que ella siempre sería su Dulcinea
y lucharía por ella contra cien mil gigantes.
Pero se rompió el hilo que ataba su cordura
y calló de la cuerda floja olvidando a su princesa
cambiándola por noches de copas y bares,
por mañanas de resaca e ibuprofeno en camas de otras reinas.
~Laura Navarro

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