Carta al 15 de enero, el niño
Desde hace tiempo sueño con encontrar las palabras que calmen tus dolores, que quiebren tus silencios y que nos devuelvan al niño del que habla la última rosa de enero, ese que anunciaba su llegada cantando.
Así que; como en tantas otras ocasiones, con el calendario como excusa para dejar a un lado la cobardía que calla lo que siempre quiso ser dicho; empiezo a construir un puente sobre el abismo de silencios que amenaza con separarnos.
Sal de ti. Para escucharte. Para escuchar. Y date cuenta. Date cuenta de que anhelas reinar un reino que ya reinas. Date cuenta, es cuando tú ríes cuando el mundo, este mundo, tu mundo, nuestro mundo ríe.
Sal de ti. Para escucharte. Para escuchar. Para escuchar al niño. Él conoce el camino. Más allá del miedo, él conoce el camino. Más allá del dolor, él conoce el camino. Él conoce la dirección, tu dirección.
Sal de ti. Para escucharte. Para escuchar. Aquí está alguien dispuesto a partir por la mitad sus alas para dártelas y que vueles allí tan lejos como volaran los sueños de aquel niño. Porque pocos héroes me quedan en los que seguir creyendo y aquel niño era mi héroe y aún espero su regreso cantando, como cuenta la última rosa de enero.
Confía en ti. Con que lo hagas la mitad de lo que yo lo hago bastará. Vuela a Saturno. En Saturno están las preguntas. En Saturno están las respuestas. En Saturno nos encontraremos.
El superhombre es el niño.
María
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